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sábado, 2 de noviembre de 2013

Cuando orientamos sobre estudios, ¿qué mensaje llega a los alumnos?


OrienTapas utiliza Pictos de ARASAAC Creative Commons BY-NC-SA
Desde principios de este curso inicié el proyecto "Tuitorientador de Guardia" (en Twitter y desde la sección del blog "OrienTapas), una iniciativa que surgió en este blog hace un año, precisamente a partir de la lectura de tuits de adolescentes.

Gestionar junto a otros compañeros esta cuenta en Twitter me ha hecho hacer búsquedas habituales ("orientadores", "orientadora", "orientador", "orientación", ...) y, de vez en cuando, doy con "joyas" como la de hoy. Se trata de una conversación real de ayer en Twitter entre un alumno de 4º de ESO (en rojo) y una alumna de 1º de Bachillerato (en azul), de 16 años.

Tenemos mucho que aprender de lo que dicen nuestros alumnos y alumnas. La orientación académica y profesional es un proceso dinámico de tomas de decisiones en las que cada persona va construyendo su propio itinerario. Los orientadores no dan soluciones mágicas sino que deben intentar que cada alumno/a reflexione en cada paso y decisión que tome en su camino.

Sin embargo, parece que algo falla porque el concepto de orientación vocacional que llega a los alumnos es diferente. Esforcémonos y hagamos caso a estos adolescentes, evitando "frases lapidarias" que nada ayudan en su desarrollo vocacional.

Hace apenas una semana, Antonio Muñoz-Molina, en su discurso durante la entrega del Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2013, hablaba de los OFICIOS; su definición conecta con lo que entiendo por desarrollo de la carrera, una tarea dura y que supone un esfuerzo alto y continuado en el tiempo:

"El deseo, el capricho, la vocación imaginaria, no llegan a cuajar en nada si no se convierte en un oficio. Un oficio, cualquier oficio, requiere una inclinación poderosa y un largo aprendizaje. Un oficio es una tarea que unas veces resulta agotadora o tediosa por la paciencia y el esfuerzo sostenido que exige, pero que también depara, cuando las cosas salen bien, momentos de plenitud, y permite entonces la recompensa de un descanso que es más placentero porque se siente bien ganado, al menos hasta cierto punto. Digo hasta cierto punto porque todo el que se dedica plenamente a un oficio sabe que siempre hay una distancia grande entre las mejores posibilidades de un proyecto y su realización, igual que hay descubrimientos con los que no se contaba. Un oficio es una tarea práctica: uno hace algo que le gusta y que a costa de aprendizaje y empeño ha logrado hacer con cierta garantía de solvencia, pero no lo hace para sí mismo, por mucho que esa tarea la haga a solas y que en el simple hecho de llevarla a cabo haya una satisfacción privada. El resultado que se obtiene de ella alcanza una existencia objetiva, independiente de quien la realizó, y pasa a integrarse beneficiosamente en las vidas de sus destinatarios: un instrumento musical o una partitura, una herramienta, una mesa, una historia, un cuaderno, un cuadro, un cuenco de barro, una fotografía, un hallazgo científico, un paso de danza, la cura de una enfermedad, un prodigio deportivo, un plato bien cocinado, una pirámide de alcachofas en el escaparate de una frutería. (...) El desaliento ante las incertidumbres del oficio se acentúa más en tiempos de incertidumbres tan amargas como estos. Es difícil hablar de la perseverancia y el gusto del trabajo en un país en el que tantos millones de personas carecen angustiosamente de él. Aun así, y dejando las responsabilidades de la ciudadanía en el lugar que les corresponde, el único remedio aceptable que conozco contra el desaliento del oficio es el oficio mismo." (Antonio Muñoz Molina, 25-10-2013)
También recomiendo este vídeo sobre el "Día de las profesiones" que habla crudamente de la orientación académica y profesional en estos tiempos inciertos:





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